¿ChatGPT no funciona? Spoiler: probablemente el problema eres tú

Escrito por Judith Rojas

Esta mañana saludé a una amiga. Me dijo:

—“Voy a desayunar y salgo para el café.”

Y yo pensé: “Ah, qué bien. Se va a trabajar desde un café. Vida bohemia, laptop y flat white.

Cinco minutos después me suelta:

—“¿Escribiste el correo?

Y yo… ¿Qué correo?

Mi cerebro hizo scroll mental. Recorrió todas las pestañas abiertas de mi mente, y… ¡boom! Ahí estaba: tres días antes habíamos hablado de escribirle a un café específico donde vamos a hacer un evento.

Y en ese instante me di cuenta de algo tan evidente como obvio:

No era un café. Era ese café. El de la reunión. El del correo. El del contexto que no me dio pero que asumió que yo iba a descifrar como por arte de magia.

La gran lección:

Seguimos hablando como si la otra persona viviera dentro de nuestra cabeza... Y no.

Ni tu jefe, ni tu pareja, ni el señor de la tienda. ¿Y ChatGPT? Menos.

Hablamos a medias. Dejamos la mitad del mensaje en nuestras neuronas, y pretendemos que el otro lo complete, lo adivine, lo traduzca con precisión y encima lo agradezca.


Spoiler 2: así no funciona la comunicación. Nunca ha funcionado.

Nos han dicho mil veces que comunicar bien es importante.
En el trabajo. En las relaciones. En la vida.


Y aún así... fallamos más que puntería en feria de pueblo.

Pregúntate

Llegamos al 2025, donde te sientas frente a ChatGPT, tecleas un prompt suelto y sin estructura y luego dices: “No me sirve.”

“Esto no es lo que quería.”
“Está muy general.”
“Eso no tiene nada que ver.”

Y claro, la culpa es de la IA.

¿Seguro?

Tal vez tu prompt no funciona porque a lo mejor no le diste contexto.


A lo mejor no le dijiste que eres diseñadora instruccional, que estás planeando un curso para una audiencia específica, que necesitas que el tono sea cercano pero profesional, que lo vas a presentar a un cliente de tal sector, y que el resultado debe tener creatividad, ejemplos, y un final que haga que el lector te mande flores.

A lo mejor no dijiste nada de eso.


Solo lanzaste un: “Hazme un módulo e-learning sobre liderazgo.”
Y esperabas magia.

Y aquí viene lo jugoso:

ChatGPT vino a mostrarte en qué partes comunicas como el (inserte aquí una palabra reservada para un horario de adultos).

Sí, lo dije. Y si te molestó, mejor. Porque eso significa que algo se está moviendo.

GPT es la piedra en el zapato de una era que se acostumbró a la mediocridad comunicativa. A los briefs vagos. A los correos con “¡Lo hablamos en la reunión!” A las instrucciones tipo “hazlo tipo Canva pero más pro”.

En diseño instruccional (y en marketing, y en la vida) hay algo que no puede fallar: el análisis.


Ese que huele el contexto. Que entiende al usuario. Que afina las preguntas.


Si no entiendes bien lo que necesitas, no vas a saber pedirlo. Y si no sabes pedirlo, no culpes al mensajero (ni al algoritmo).

Así que si ChatGPT no te da lo que buscas, antes de decir “esto no sirve”, cada vez que escribes un prompt, pregúntate:

  • ¿Estoy dando suficiente contexto?

  • ¿Estoy siendo claro con mis objetivos?

  • ¿Sé realmente lo que quiero?

  • ¿Estoy esperando que piense por mí?

Porque a veces el problema no es que la herramienta no sea lo suficientemente inteligente.

A veces, solo a veces… el problema está en ti.

En esa parte tuya que aún no aprendió a comunicar con claridad.
En esa vocecita que cree que “el otro” debe entender sin que tú expliques.


En esa costumbre de echarle la culpa a lo externo porque mirar hacia adentro… da pereza.

Y para cerrar

GPT no te quita el trabajo.

Te quita las excusas.

Y si te resistes, quizá no es porque no funcione, sino porque te está mostrando justo donde tienes que mejorar.

Respira. Esfuérzate un poquito. Aprende a pedir. Y luego sí… que venga la magia.

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